lunes, 16 de noviembre de 2015

conociendo a Galileo Galilei

Galileo Galilei

Galileo Galilei había nacido en Pisa en 1564. Diez años después su padre, el músico Vincenzo Galilei, se trasladó con la familia a Florencia. El niño pasó a estudiar en un monasterio cercano a esa ciudad, y más tarde se matriculó en la facultad de medicina de la Universidad de Pisa. Se cuenta que un día, encontrándose en la catedral, el joven estudiante de diecisiete años observó una lámpara colgante que oscilaba. Comprobó que completar una oscilación requería siempre el mismo lapso de tiempo, fuera cual fuera la distancia a recorrer.
Este descubrimiento le sirvió más tarde para elaborar el principio del péndulo, que se aplicaría, entre otros usos, a regular la marcha de los relojes. A partir de aquel día Galileo se interesó más por las ciencias exactas que por la medicina, a la que abandonó para profundizar en estudios sobre astronomía y física en Toscana y Florencia. Ya graduado, publicó un ensayo sobre el balance hidrostático que lo hizo conocido en toda Italia.
En los años siguientes se dedicó a revisar la teoría aristotélica del movimiento, y en 1592 obtuvo la cátedra de matemáticas en la Universidad de Padua. Allí permaneció 18 años y completó su propia teoría del movimiento, y la de la caída parabólica. No se sabe si es cierto que comprobó sus hipótesis dejando caer pesos desde la Torre inclinada de Pisa,pero sí que su otra pasión, la astronomía, empezaba a crearle problemas con la Iglesia.
Galileo era un convencido de la hipótesis sobre el Universo formulada dos siglos antes por Copérnico, que puede resumirse en que el Sol no giraba en tomo a la Tierra —como había «demostrado» Ptolomeo en el siglo u y seguido a pie juntillas desde entonces por la ciencia oficial—, sino que la cosa era exactamente al revés. El sabio pisano no hacía pública esta opinión, por no suscitar la burla de sus colegas y por un premonitorio temor a la reacción de la Iglesia.
Pero en 1609 probó en Venecia un catalejo con sistema telescópico y quedó fascinado con el artilugio. En ese mismo año construyó un telescopio 32 veces más potente, y lo aplicó por primera vez a la observación del firmamento. Al año siguiente ya dio a conocer sus primeros descubrimientos sobre la Luna, las fases de Venus o los satélites de Saturno.
El enfrentamiento entre la Ciencia y la Iglesia estaba servido, y Galileo sabía de qué lado debía luchar. En 1632 publicó su gran obra: Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, ptolomeico y copernicano. Sin duda el título cumplía con la indicación del Pontífice, pero el contenido era una encendida e incontestable defensa de la tesis de Copérnico, que produjo admiración y entusiasmo en los ámbitos científicos de toda Europa, pero no en los círculos eclesiales de Roma, donde al instante se alzaron detractores. Los jesuitas, por ejemplo, sostuvieron que Galileo había hecho más daño a la Iglesia Romana que Lutero y Calvino juntos.
Los descubrimientos de Galileo inspiraron e influenciaron el trabajo de futuros científicos y matemáticos. Uno de sus estudiantes más reconocidos fue Bentito Castelli, quien es el fundador de la hidráulica de los días modernos. Castelli fue el maestro de Bonaventura Cavalieri. Él formuló muchos de los principios importantes para el cálculo.


sábado, 10 de octubre de 2015

Distancia y rapidez

En la imagen siguiente calculamos la distancia que hay entre la distancia que hay entre la primera casa a la segunda con un tiempo de 10 minutos. Para sacar el total de la rapidez sumamos todas las distancias y lo dividimos entre los 10 minutos, que nos dio como resultado 117.56 m/m. Por último medimos su desplazamiento que va en diagonal al noreste con un resultado de 82.51 m.  
Trabajo realizado por Carla Fernanda y Jocelyn Ailed 

viernes, 11 de septiembre de 2015

La ciencia para algunos científicos

http://video.cibermitanios.com.ar/post/15487745301/la-poesia-de-la-realidad

El mito de la caverna

El mito de la caverna

Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.
Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
- Ya lo veo-dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!- dijo.
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
- Es enteramente forzoso-dijo. 
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
- Mucho más-dijo.
II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?
- Así es -dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente -dijo.
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.
- Claro que sí -dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.

martes, 1 de septiembre de 2015

Bienvenida

 Presentación


Hola bienvenida (o) a este blog que tratará ver temas sobre la física, soy Jocelyn Ailed creadora de este blog espero que lo disfruten. :)